sábado, 5 de abril de 2014

Bianca Pioggia, la escritora pluvial



            Esta escritora, al decir de un famoso crítico, hizo agua. Pudimos conseguir apenas un fragmento de su caudalosa obra. Lo que leeremos es simplemente una gota en medio de su océano literario; el resto se perdió cuando se inundó su casa.
Llueve. Llueve intempestivamente. Desde la ventana se ve el rebotar de gotas de agua destinadas a la muerte. Es que no rebotan, simplemente se deshacen. Pero luego se evaporarán y volverán a su origen, para regresar, en otro día de éstos, a realizar una nueva incursión pluvial.
¡Cómo llueve!. De arriba pa´ abajo. ¡Cómo está el agua!. Mojada.

sábado, 6 de octubre de 2012

El Filósofo que quería ser Existencialista

         Esteban deambulaba hacía muchos años por los distritos filosóficos. Sus conocimientos de gnoseología, lógica y metafísica eran abrumadores (en la medida que un conocimiento puede ser abrumador). Manual que aparecía, manual que leía. Las alturas teóricas eran su campo de acción, aunque este tipo de acción era lo más parecido a una inacción. Aristóteles, Santo Tomás, Descartes, Kant y unos cuantos más eran sus compañeros de viaje.
            Entre tantos manuales, aparecidos y leídos, encontró la figura de un tal Martin Heidegger. Se indignó ante su postura despectiva hacia la metafísica y se decidió a leerlo. En ciertas ocasiones uno lee no tanto por afinidad sino por contraposición. A veces para criticarlo o encontrarle puntos débiles y el resto de las veces por lo mismo. Apenas (y a penas) se inmiscuyó en algunas de sus obras (comenzó con “Ser y Tiempo” y “El origen de la obra de arte”) y descubrió un lenguaje ininteligible. Sus colegas justificaban la oscuridad de su discurso en la imposibilidad de decir lo Absoluto; él se contentaba con denigrar un estilo muy poco pulido y, mucho menos, claro y racional.
            En una de sus clases sobre Descartes expuso su famosa frase: “Cogito, sum”, que algunos traducen como “Pienso, luego existo”. Él se encargó de demostrar la preeminencia del pensamiento por sobre la existencia. Decía: “La única forma de darnos cuenta de que existimos es si pensamos; por lo tanto si pensamos, existimos”. En pleno desarrollo uno de esos alumnos molestos (que afortunadamente siempre hay) opinó: “No me parece que sea tan claro que primero pensemos y después existamos. Creo que porque existimos podemos pensar”. La clase se sobresaltó. Esteban ignoró esa voz que venía desde el fondo y continuó exponiendo el tema.
Pero Agustín, “el alumno rebelde” según lo llamaban, no se quedó con la intriga. Tenía un tío que, pese a no haber seguido ninguna carrera, había leído mucho sobre estos temas. Como dice un amigo, no es lo mismo la Facultad de Filosofía que la Facultad de Filosofar. Y en este personaje se daba más bien la segunda parte, siendo que no así la primera. Agus le contó lo sucedido y Ruben, bajando la voz como quien va a contar un secreto, se dispuso a charlar con él. Le dijo que esa frase, “cogito, sum”, no hacía referencia a una sucesión cronológica. “No es que primero pienso y después existo, sino que si estoy pensando es porque existo”, concluyó. “Además –agregó- un argumento muy similar lo utilizó el gran San Agustín diez siglos antes que él”. Entonces le citó un pasaje del obispo de Hipona: “si fallor, sum”. Si dudo, soy. Finalmente Ruben le comentó algunas ideas de la filosofía existencial y lo despidió esperando, y ansiando, volver a verlo.
A la clase siguiente Esteban quiso desarrollar el argumento del genio maligno. Agustín lo interrumpió y se despachó con todo lo que había aprendido de su tío. Sus compañeros se entusiasmaron. Ciertas veces nace en nosotros ese deseo de que el más débil se imponga por sobre el poderoso, más cuando el poderoso es nuestro profesor y mucho más cuando nosotros nos contamos dentro del grupo de los desamparados. Esteban contestó como pudo. Le dijo que la esencia era superior a la existencia, que Agustín era teólogo y no filósofo, y que seguramente no comprendía la diferencia entre lógico y cronológico. Sonó el timbre. Esteban bajó su dedo acusador. Agustín bajó la cabeza. Esteban bajó la nota de Agustín. Sus compañeros bajaron al recreo.
Esteban bajó a la biblioteca de su casa buscando un libro. Recordó que hace tiempo sus compañeros de filosofía le habían hecho una broma de mal gusto regalándole “La Filosofía de la Existencia”. Con sólo ver ese libro la indignación volvió a reavivarse en sus ojos. ¡Filosofía de la Existencia!, se dijo. ¡No va a comparar! (su conciencia detectaba su tono irónico y burlesco). Mientras uno lee sobre el Ser, las Ideas, lo Uno, lo Inmutable, estos mercenarios de la verdad (con minúscula) sólo saben discurrir acerca de los seres, las ideas, lo múltiple y lo cambiante. Vamos a darle una rápida leída para encontrarle sus puntos flojos y poder rebatirlos de una vez por todas.
A medida que se embarcaba en la lectura, más se apasionaba. Y desacostumbrado como estaba a la pasión, se dejó llevar. Cada autor que se nombraba hacía surgir en él unas ganas locas e incontrolables de leerlo. Lápiz en mano, no pasaba hoja sin que la marque, subraye o realice una notación marginal. Estaba realmente encantado, maravillado, subsumido, hipnotizado, asombrado. Terminó de leer y tomó una decisión: “quiero ser un filósofo existencialista”, dijo en voz muy alta.
Para llevar a cabo su cometido comenzó por conseguir la mayor cantidad posible de obras filosóficas al respecto. Tenía que reemplazar su biblioteca entera. Era una conversión. Empezó leyendo a San Agustín, y continuó por Kierkegaard y Pascal. Después siguió con Sartre. Finalmente leyó a Unamuno, Jaspers y Marcel.
Pero estas lecturas no colmaban su sed existencial. Entonces pasó a la literatura. El arte –pensó- podrá abrirme puertas inimaginables. Tal vez tenían razón mis colegas: el misterio sólo se puede nombrar con palabras poéticas. Leyó a Sartre pero no lo llenó. Pasó a Camus, Malraux y finalmente a Sábato. Esas ficciones, esos personajes, despertaban en él sentimientos encontrados. Descubrió que su vida era tensión. Y qué otra cosa es la filosofía existencial sino descubrir que la vida es tensión.
Pese a todo lo leído no se consideraba un filósofo existencialista. ¿Por qué? ¿Qué lo diferenciaba de aquellos? Y se hizo la pregunta crucial: ¿qué es lo que llevó a estos hombres a escribir así?. La respuesta no se hizo esperar: su vida. La vida de estos pensadores y escritores los había llevado a ser existencialistas. Entonces –dedujo- leyendo sus biografías tendré una idea más acabada de sus obras.
Uno es uno y sus circunstancias, dijo Ortega y Gasset. Los condicionamientos externos y las tendencias internas nos llevan también a ser quiénes somos. La vida es compleja. Y lo es, principalmente, porque somos libres. Todo esto va tejiendo nuestra vida. Cada decisión, cada elección y renuncia, cada suceso, cada hecho, son fragmentos de nuestra biografía. Nuestra vida es un libro que vamos escribiendo, ayudados o no por otros escritores voluntarios e involuntarios, conscientes e inconscientes (en todos sus sentidos). Podemos afirmar que uno es lo que escribe, pero también es lo que no escribe. Luego de todas estas reflexiones inútiles, o no, se dispuso a leer. Y leyó todo. Al menos todo lo que encontró. Es verdad que mucho no buscó pero, al fin y al cabo, para qué más.
Ya había leído las obras filosóficas, las obras literarias, sus biografías, y sin embargo no lograba ser un filósofo existencialista. ¿Qué me falta?, se preguntaba. Vivir una vida similar a la de ellos, se respondía. Y ¿cuál es el denominador común de todas esas vidas?, se preguntaba. El dolor y el sufrimiento, se respondía.
Se decidió a sufrir. Quería experimentar el dolor, el abandono, la muerte, para poder llegar a ser un gran filósofo existencialista. ¿Qué era lo que más amaba en la vida?. A su mujer y sus hijos. Y comenzó por allí. Comenzó a tratar muy mal a su mujer, a mentirle, a basurearla y terminó por engañarla. Todo esto destrozaba su corazón. Y el de ella también, razón por la cual más le dolía lo que estaba haciendo. Finalmente ella optó por dejarlo y llevarse a sus hijos. Este abandono lo destruyó. Escribió: “el abandono es lo más parecido a la muerte”. El filósofo existencialista nacía en él.
Intentó intentar suicidarse pero no pudo intentar ese intento. Habrá sido por el instinto de supervivencia. Lo cierto es que se estaba volviendo un amargado, un sufrido. Quiso dejar el trabajo pero no pudo: lo echaron antes. Ya no frecuentaba los asados de amigos, no por falta de asados sino por falta de amigos. ¿Quién quiere estar con un desdichado por motus propio?. Hay tanta gente que sufre sin saber por qué, que uno no entiende a quien se arruina la vida a sabiendas. Y son más de los que creemos.
            Publicó un libro que fue todo un éxito: “¿Cómo ser un filósofo existencialista y no morir en el intento?”. Obtuvo reconocimientos de todo el mundo. Su libro fue un best seller y ocupó los primeros lugares durante algún tiempo. Pero Esteban no sabía qué hacer. Toda su vida, al menos los últimos años, había luchado por conseguir esto. ¿Y ahora?. Si se ponía feliz por tantos halagos temía dejar de ser un existencialista. Pero a la vez si se amargaba y sufría por miedo a dejar de ser un existencialista: ¿de qué sirvió tanto esfuerzo?. Su vida realmente era tensión. El incipiente filósofo existencialista estaba dejando lugar al Gran Filósofo Existencialista.
            Escribió: “Mi vida es tensión. Siento, a la vez, alegría y desdicha. Me alegra ser un filósofo existencialista. Me siento desdichado por alegrarme de ser un filósofo existencialista lo que inmediatamente haría que deje de serlo. Y si dejo de serlo ya no podría alegrarme de ser un filósofo existencialista. Aunque si no me alegro de ser un  filósofo existencialista puedo continuar siendo un filósofo existencialista. Y si continúo siéndolo podría alegrarme. Y así...”.
            Años después, un tal Agustín Cuore, publicaba un libro titulado: “El filósofo existencialista que murió en el intento”. Transcribimos algunos fragmentos a modo de conclusión:

Recuerdo a aquel profesor. Esteban era autoritario y metafísico. Luego de aquel incidente del que fui testigo privilegiado (y actor principal) su vida cambió... Lo que nunca entendió es que no se puede buscar el sufrimiento como fin porque una vez logrado uno se complace en obtener lo buscado. El dolor y el sufrimiento vienen, se presentan, vaya a saber uno por qué misteriosos caminos...
Si somos felices: ¿qué importa la filosofía que profesamos?. Además: ¿qué es ser un filósofo existencial? ¿Sufrir?. No creo. Yo soy feliz y me considero existencial. No tuve las experiencias de dolor y abandono que tuvieron los grandes autores existenciales, pero tuve otras. Amo y soy amado. Y eso me mantiene en la existencia. Amo y soy Amado...
El hombre es tensión. La tensión no es movimiento pero tampoco es quietud; es inquietud. El arco tensa la cuerda porque cada extremo tira para su lado. Esa cuerda no está en movimiento pero tampoco está quieta; está inquieta. Eso es el hombre: un ser de corazón inquieto...
La existencia se encuentra en el dolor, en el sufrimiento, en el abandono y en la nostalgia, pero también podemos hallarla en la alegría, en la felicidad, en la verdad, en la belleza y en el amor. La existencia es todo eso. La existencia es el ser del hombre; sólo el hombre existe...
¿El profesor?. Se suicidó”.

sábado, 28 de abril de 2012

El buzo sin su botón

             Me desperté a las siete y cuarto, me levanté a las ocho y media, me terminé de vestir a las nueve menos veinticinco, y salí desesperado para llevar a mi hermanito al colegio.
            Al salir una fuerte ráfaga de viento me hizo sentir el frío, especialmente en la zona del cuello. Como bufanda a mano no tenía (igual no la hubiese usado) me cerré, inconscientemente, los botones del cuello del buzo. Inmediatamente me di cuenta que un tiempo atrás (me refiero a semanas), esto, a saber, cerrarme los botones del cuello del buzo, no hubiera sido posible. Durante mucho tiempo utilicé este buzo sin uno de sus botones, mitad por la vagancia que me daba tener que coserlo, y el resto también. Pero un día tuve una buena (eu) noticia (angelos) [evangelio]. Una vez, como tantas, que le había prestado (que me había robado) mi buzo, mi novia, cansada de verme sin el botón, se decidió a coserlo. Al ir a su casa y enterarme lo que había hecho tuve una sensación extraña: sorpresa y alegría coexistían en mi alma.
Hoy, al sentirme protegido por su hermoso gesto, no hago más que reflexionar sobre este tema. Y entre pensamiento y pensamiento, arribé a una conclusión: amar, no es otra cosa que descubrir la ausencia de un botón en el buzo del ser amado y decidirse a cosérselo. 
Hilando un poco más fino (y no me refiero a coser el botón), de este detalle tan simple se puede arribar a una definición, por aproximación, del verbo amar (es importante saber que es un verbo, pero ese es tema de otra reflexión). Para enaltecer un poco la pobreza de mi pensamiento voy a citar a Santo Tomás, él decía: “Ubi amor, ibi oculos” (donde hay amor, allí hay ojos). Los ojos del enamorado captan simples detalles de amor, donde el resto de las personas ve, solamente, gestos rutinarios. Uno puede ver millones de sonrisas en la vida, pero ninguna será un recuerdo tan nítido, y a la vez tan hermoso, como la sonrisa del ser amado. Del mismo modo, el enamorado se da cuenta de las “ausencias de botones” donde los demás ven, simplemente, un ojal vacío.
El amor no es ciego, por el contrario, abre los ojos atentos a las cosas que a otros se les escapan. Sólo el que ama observa esos detalles y ve, a través del corazón, la necesidad del amado. No olvidemos que los ojos del enamorado son los ojos del corazón. Y una vez vista esa necesidad va a intentar saciarla, cubrirla, remediarla. El que ama desea ver a la persona amada lo mejor posible,  no quiere que le falte “ni un solo botón”. Intentará, por todos los medios, “cosérselo”. Y digo por todos los medios, porque cuando se tiene un “para qué” se soportan todos los “cómo”. No hablo de un “para qué” utilitario, pragmático, sino de darle un sentido, y si hay algo que da sentido a nuestra vida, eso es el amor.
Dicen por ahí que “sólo se vive el tiempo en que se ama”, y San Agustín agrega: hagas lo que hagas, hazlo por amor”, aunque sea coserle el botón a un buzo (esto último lo agrego yo).

jueves, 22 de marzo de 2012

Besos ahorrados

-Vos siempre el mismo –le dice Vanina.
-Es que yo soy así y vos no me vas a cambiar -retruca Mario.
            La pelea se produjo quién sabe porqué. El hecho es que ambos se pusieron a caminar sin dirigirse la palabra. Ni siquiera osaron cruzar sus miradas. Así habrán avanzado unas tres cuadras hasta que de repente el chico se frena, calcula, carga, y larga un tremendo escupitajo.
-¡Sos un cerdo! -le grita Vanina horrorizada.
Mario la miró; su mirada combinaba odio, sarcasmo e ironía. Finalmente, le dijo:
-Tan sólo estoy descargando toda la saliva acumulada debido a todos los besos que no te di en el camino.

jueves, 8 de marzo de 2012

Un día especial

Si uno revisa una agenda más o menos buena va a encontrar que todos los días se celebra algo. Desde el día mundial de la alimentación (15/10) hasta el día de las bibliotecas populares y de la sonrisa que caen el mismo día (23/9). Uno de los días más conocidos en la Argentina (por algo será) es el 1º de Mayo, el día del trabajador. Sobre este tema nos escribe el polifacético Giancarlo Razzone en el cuarto capítulo de su primer libro Usando la cabeza:
“Si el 1º de Mayo es el día del trabajador, es incomprensible que no se trabaje en esa fecha. Es como si el día del niño, éstos se conviertan en ancianos, jóvenes o adultos; como si el día de la madre mi vieja fuera mi viejo, mi abuelo o algún desconocido, pero nunca mi madre; es como si el día de mi cumpleaños yo no fuera yo. Por lo tanto afirmo, sin temor a equivocarme, que lo correcto debe ser que el 1º de Mayo se trabaje”.
Esto repercutió en trabajadores y sindicalistas que, armados, llegaron a puertas de su casa y se hicieron oír. Este hecho fue la musa inspiradora que lo llevó a escribir inmediatamente su segundo libro Cuidando mi cabeza, donde expresa lo siguiente:
“Por ser el 1º de Mayo el día del trabajador, vuelvo a decir que en esta fecha se debe trabajar. Profundizando un poco más puedo afirmar que debe ser el único día del año en que se trabaje”.
Este párrafo demuestra lo tribunero que fue el libro, y la facilidad de encontrar la forma de seguir usando la cabeza.
            Para iluminar un poco este tema traigamos la opinión de nuestro amigo Agustín Cuore: “En cuanto a la celebración de determinados temas en determinadas fechas se puede hablar de una calificación o graduación. Con esto quiero decir que no es lo mismo el día del canillita que el día del padre. El ser canillita es una profesión (entendiéndose por esta palabra un trabajo), y el ser padre es una vocación. La vocación es nuestro primer llamado, lo que debemos ser, la profesión es lo que hacemos, que nos va a llevar a ser, a realizar plenamente nuestra vocación. Por esta razón el día del canillita, éste no ejerce, y en cambio el día del padre, éste debe seguir cumpliendo su rol, porque él no hace de padre, es padre. Una vez que se es padre ya no se puede dejar de serlo. Se me dirá, y con razón, que no todos los padres cumplen su rol, y yo les contestaré, no sin menos razón, que están en lo correcto. Pero atención, esto no quita que sean padres, lo que sucede es que no hacen de padres...”. Más adelante agrega: “En conclusión que el 1º de Mayo no se labure, y que el día de la madre haya festichola. Al fin y al cabo hay que celebrar”
            Siendo ya las 00:00hs. Del día 1 de Mayo dejo de escribir este artículo tan interesante en donde[1]


[1] Nota de la editorial: No hay ningún error de edición, así llegó la obra a nuestras manos.

domingo, 26 de febrero de 2012

A veces no sé


A veces no sé
si ser romántico o salvaje,
si mirarte en forma tierna o desnudarte con los ojos,
si besarte o partirte la boca,
si acariciarte o tocarte,
si extasiarte o excitarte,
si extasiarme o excitarme.
O las dos cosas.
A veces no sé.

viernes, 24 de febrero de 2012

Análisis de frases

Agustín Cuore y sus compinches solían reunirse para divagar sobre cualquier tema. Una buena cerveza era la excusa para delirar sobre asuntos de diversa índole. Cierto día comenzaron a desmenuzar, diseccionar, discernir, desenmarañar, desentrañar y analizar frases. De aquella tarde inolvidable es producto el famoso, y olvidable, libro de nuestro gran pensador. Su original título es “Análisis de frases”. Veamos una selección de textos.

·       “La reina Cristina se carteaba con Descartes”.

Esta frase nos cuenta una de las tantas anécdotas que nos dejó la historia. Es muy utilizada por las feministas que se enorgullecen de que una mujer, la reina Cristina, se carteaba con un filósofo tan importante como René Descartes. 
Una de las últimas veces fue hacia 1653. Estaban jugando al truco y, mientras Descartes meditaba qué carta tirar, ella sacaba el as de espadas de su manga real. Todo acabó en la mano siguiente cuando la reina ganó un falta envido con 34 exhibiendo sus dos “siete de espadas”. Él, metafísicamente hablando, la mandó a limpiar el palacio.
Hay otra interpretación, tal vez la más conocida, que es producto de los lamentables manuales de historia. Cuentan que la reina Cristina le escribía cartas a Descartes y este las contestaba. Allí trataban temas de toda índole: políticos, filosóficos, etc.
A mí sigue gustándome la primera opción por una sencilla razón: no van a comparar una aburrida correspondencia con un emocionante partidito de truco.


·       “Sartre era ateo, mientras que Edith Stein conversa”.

Sartre era ateo, es cierto. Pero en honor a la verdad debemos decir que no todo el tiempo. O al menos eso es lo que nos indica la frase citada. Jean Paul era ateo sólo durante los momentos en que Edith Stein charlaba con alguien. Que en todas las obras de Sartre se respire ese ateísmo acérrimo se debe al sexo de Stein quien por ser mujer no paraba de hablar un instante.
Algunos pretenden refutar esta frase diciendo que Edith era de leer muchos libros y durante ese instante Sartre no debía ser ateo. Yo les pregunto a esos refutadores insulsos que se la dan de suspicaces, ¿qué es leer un libro sino dialogar con el autor, los personajes, ex-lectores, comentaristas y nuestra propia vida?. Debemos agregar que posiblemente ambos dormían en horarios semejantes. Es por todas estas razones que quedan muy pocas huellas del no ateísmo de Sartre (momentos en que Stein no charlaba) si no es que ninguna.
Hay otra interpretación con pretensiones de validez y es, no sabría decir porqué, la más difundida. Explica que Sartre no creía en Dios, mientras que Edith Stein se había convertido del judaísmo al cristianismo. Dejo en manos de los lectores la elección. La primera es más convincente, aunque debo reconocer que la segunda es más científica.

·       “La Maga le dijo que su hijo se llamaba Rocamadour, como su padre”.

Aquí tenemos que dilucidar un problema clave en la literatura contemporánea. Cuando dice “su padre”, ¿al padre de quién se refiere?.
    1. Al padre de Rocamadour
    2. Al padre de la Maga
    3. Al padre del interlocutor
En realidad, y para evitar problemas, conviene creer que no se llamaba Rocamadour. O que sí se llamaba así pero no se debía a su padre. Leamos lo que escribió Julio Cortázar en Rayuela: “la Maga se limitaba a decir que su hijo se llamaba como su padre pero desaparecido el padre había sido mucho mejor llamarlo Rocamadour”. Gracias Julio.
Por lo tanto, y como conclusión, podemos decir: ¿qué nos importa al padre de quién se refiere?.

Entre las frases más recordadas encontramos “soy un fenómeno” de I. Kant, “todo es relativo” de A. Einstein, “lo importante es competir” de A. Smith, “la vida es una moraleja en una caja” de Upi T. y “un aplauso para el asador” de un empleado del crematorio de la Chacarita.
El libro recopila un total de seiscientas sesenta y seis frases. La última dice: “El libro recopila un total de seiscientas sesenta y seis frases”.
Sin esta frase –escribe Cuore- no llegaría al número aquí vertido. ¿Y qué importa?. Precisamente la frase se refiere al libro y la frase es parte del libro.
La segunda edición de la obra cambió de título por razones comerciales y pasó a llamarse “Análisis de 666 frases”. Fue todo un éxito.